lunes, 29 de julio de 2019

12 Pasos Para Dejar Atrás El Alcohol (Parte 11)

Transitando por el sendero
Undécimo Paso Buscamos a través de la oración y la meditación mejorar nuestro contacto consciente con Dios, tal como nosotros lo entendemos, pidiéndole solamente que nos dejase conocer su voluntad para con nosotros y nos diese la fortaleza para aceptarla.

Cuando se le pregunta a un alcohólico activo qué es lo que no funciona en su vida, busca la respuesta fuera de sí mismo.
No obtiene los ascensos que desea en su trabajo, su mujer es una regañona, sus hijos se han convertido en delincuentes, el dinero no alcanza para nada, su casa es muy pequeña.
Cuando se le pregunta qué cree él que podría mejorar su calidad de vida, una vez más propone cambios externos.
Tal vez debería divorciarse, encontrar una mujer que realmente lo comprendiera, cambiar de trabajo, mudarse a otro barrio.
Este hábito persistente de la externalización es una venda que le impide ver su propia relación con el alcohol.
La bebida, desde su punto de vista, es la medicina que hace tolerable un medio externo insoportable. Sin alcohol, no podría arreglárselas para vivir. Bebe tanto, según cree, porque su vida es muy difícil.
La recuperación supone, para muchos alcohólicos, un cambio total de esta actitud. En vez de buscar la raíz de sus problemas fuera de sí mismos aprenden a observar su propio comportamiento, sus propias actitudes. Y en vez de tratar de encontrar soluciones en los cambios superficiales del medio, se pide a los alcohólicos en recuperación que busquen auxilio a través de su comunicación con un Poder Superior.
Al principio, pedir a un alcohólico que contemple su interior es como pedir peras al olmo. Puede hacerlo, pero sólo durante breves instantes.
Sin embargo, según el tiempo pasa, esta tarea, por varias razones, es cada vez más fácil.
Primero, la mente del alcohólico comienza a ser más clara. Todos los procesos de pensamiento, entendimiento y control emocional mejoran, solamente porque ya no se los somete a la agresión del alcohol.
Segundo, la abstinencia interrumpe la afluencia de muchos de los problemas psicosociales que causa la bebida. Ahora es más fácil hacer frente al último arresto por conducir borracho porque ya no habrá otros. Los problemas dejan de acumularse.
Tercero, la realidad, por más duro que le resulte al alcohólico creerlo, es que una gran parte de su insatisfacción con la vida era el producto de la propia actitud del alcohólico. En realidad la vida nunca fue tan horrible excepto cuando la bebida la transformó en eso.
Conocimos a una mujer que nos contó su experiencia con su padrino de AA. Siempre que le explicaba un problema, obtenía la misma e invariable respuesta.
-Es una verdad como un templo –le decía– que la solución de todos nuestros problemas reside dentro de nosotros.
Eso era todo lo que le decía, sin explicaciones ni discusión.
-Espere un momento –gemía nuestra amiga–. He pasado por un fracaso matrimonial, mi jefe me acosa, lo que necesito son consejos prácticos y no sabiduría oriental. Dígame qué debo hacer para solucionar estos problemas.
Como toda respuesta, él solía sonreír con benevolencia.
–Es una verdad como un templo... –comenzaba otra vez.
–Ya lo sé, ya lo sé –contestaba nuestra amiga–. Bah, déjelo correr.
Al cabo de unos cinco años, jalonados por muchos problemas a los que seguía el mismo consejo, nuestra amiga experimentó finalmente el destello de la iluminación.
Había estado tratando de resolver varios problemas a través de un método habitual, que siempre le suponía muchísimas preocupaciones y la manipulación de personas y situaciones, cuando se le ocurrió. “Un momento”, se dijo, “yo ya sabía lo que tenía que hacer desde el principio. ¿Por qué no seguí adelante y lo hice? ¿Por qué primero me tuve que meter en todo este lío?”
Luego un segundo destello la alumbró.
Puede que éste sea mi problema, pensó. Siempre hago una montaña de un grano de arena. No me tomo las cosas como son, siempre me las compongo para llevarme mal con la gente.
Tal vez, continuaba, por eso me siento tan insatisfecha con mi vida. Tal vez yo soy el problema, es decir, mis expectativas, mi manera de tomar las cosas, y no la vida.
Comenzó a actuar con ese descubrimiento como guía, como si la solución de sus problemas residiera dentro de ella. Y, efectivamente, pudo resolver muchos de esta manera. Sabía que esto era así porque su vida comenzó a mejorar enseguida.
Parecía el final de una larga guerra entre la alcohólica y su propia vida.
Esto ilustra un tema importante del Undécimo Paso. La respuesta, si se quiere, a los problemas de la alcohólica estuvo siempre delante de sus ojos. Por eso su padrino insistía en repetirla una y otra vez, de la manera más simple posible, cada vez que la alcohólica le explicaba un problema.

En el Undécimo Paso, se aconseja al alcohólico en recuperación buscar a través de la oración y la meditación un contacto consciente con su Poder Superior. Esto se debe a que el recién descubierto PS no puede ayudarlo a menos que usted se ponga a su disposición.
Esto supone un tipo de escucha activa, a la cual, según indica el Paso, se llega mejor a través de la oración y la meditación.
Para muchos alcohólicos el Undécimo Paso también trae consigo otro aspecto de la recuperación largamente abandonado: la mejora de la calidad de vida. Esto no se refiere en general a ganar más dinero, conseguir una pareja más atractiva, o cualquier mejora de esa clase.
Significa hacer aquellas cosas que hacen la vida más valiosa y satisfactoria para usted.
Cosas como ser de utilidad para otras personas.
O sentirse en plena forma.
O aprender cosas nuevas.
Recuerde que es la calidad lo que cuenta, no la cantidad. No importa cuánto se posee sino qué satisfacciones le aporta.
Las razones son evidentes: si su vida es satisfactoria para usted, y ha aprendido a sentirse satisfecho consigo mismo, tanto como con aquellos que le rodean, sus posibilidades de reincidir son menores.
No nos olvidemos: es una verdad como un templo que las soluciones de muchos problemas residen dentro de nosotros.

viernes, 26 de julio de 2019

12 Pasos Para Dejar Atrás El Alcohol (Parte 10)

Viviendo sin reincidencias
Décimo Paso Continuamos haciendo nuestro inventario personal y cuando nosequivocábamos lo admitíamos inmediatamente.

Como el resto de la especie humana, no soportamos equivocarnos.
Suavizando la expresión diremos que si el asunto que se discute no es importante, entonces no nos importa admitir que nos hemos equivocado.
No es algo que nos guste especialmente, pero tampoco es tan traumático.
Por otra parte si la materia en cuestión es algo muy importante para nosotros, una idea que siempre hemos creído perfecta o una opinión muchas veces defendida, no soportamos que sea puesta en duda.
Incluso puede llegar a ser una experiencia desagradable y mortificante.
Sin embargo no creemos ser los únicos en actuar de esta manera.
Todos nuestros amigos, familiares, vecinos, conocidos, y hasta nuestros enemigos parecen comportarse de la misma manera.
Como a ninguna de las personas que conocemos le gusta equivocarse hemos llegado a creer que esto es parte de la naturaleza humana.
Todo el mundo quiere tener razón, nadie quiere creer que está equivocado.
Tristemente, con bastante frecuencia, todos nosotros lo estamos.
Examinemos la experiencia que tuvimos en el tratamiento de alcohólicos hace algunos años. Por entonces utilizábamos lo que llamábamos técnicas de la “mente serena”: le decíamos al alcohólico que sufría un trastorno de personalidad subyacente que lo conducía a la bebida, trastorno que debía ser el verdadero objetivo del tratamiento. La parte física del alcoholismo, pensábamos, acababa cuando el paciente dejaba de sentirse perturbado. La adicción importante era psicológica.
Después de todo, ¿no era esa la causa por la cual el paciente había comenzado a beber?
Un día, mientras poníamos en práctica estas ideas, un paciente nos mostró una monografía de James Milam. Este ensayo bastante árido –e impreso en el más horrible papel anaranjado que se pueda haber visto– desafiaba, en términos inequívocos, cada una de nuestras creencias sobre alcoholismo.
En vez de ser una consecuencia de un trastorno de personalidad, el alcoholismo, según Milam, era en conjunto el resultado de una adaptación física. Era hereditario, sostenía Milam, y los diversos problemas psicosociales que constituían el objetivo del tratamiento, tal como nosotros lo considerábamos, eran el resultado y no la causa de la enfermedad.
En lugar de representar defectos de personalidad permanentes que acosan al alcohólico durante toda su vida, estos problemas psicológicos pueden resolverse con el tiempo si el alcohólico deja la bebida.
Todo esto era revolucionario. Por esa razón comprobamos todos los datos aportados por Milam y descubrimos que, en efecto, el alcoholismo era eso que él afirmaba que era: una enfermedad fisiológica crónica.
Naturalmente, hubo largas discusiones entre los investigadores, pero esto no nos preocupó. Un científico amigo nuestro define humorísticamente la investigación en ciencias naturales como “conjeturas seguidas de debate”.
Para nosotros, sin embargo, el asunto estaba claro: el alcoholismo no parecía ser una enfermedad mental. Tampoco parecía representar un trastorno de la personalidad, ni tampoco era una reacción al estrés que podía provocar cualquier situación, ni un intento de poner remedio a un problema emocional subyacente.
Esto nos puso en un compromiso porque prácticamente todos los tratamientos que usábamos estaban basados en esas suposiciones que ahora, según se demostraba, eran incorrectas.
Nuestra desazón era evidente. Habíamos tratado gran cantidad de alcohólicos en los últimos años, enviándolos a AA, ayudándolos a alcanzar la sobriedad. Habíamos efectuado algunos cambios importantes en nuestros métodos a lo largo del tiempo, pero no de esta envergadura

Supongamos que hubiéramos seguido enseñando lo que siempre habíamos enseñado. ¿Acaso no dejaban de beber los pacientes? ¿Por qué pasar por todo el trance de cambiar nuestros métodos? No vimos que ninguno de los otros “expertos” cambiara el suyo. ¿Quién se daría cuenta de la diferencia? La respuesta era clara: nosotros.
Podíamos seguir haciendo lo que hacíamos. O podíamos admitir que nos habíamos equivocado, hacer una larga y profunda autocrítica y cambiar.
Fue lo que decidimos hacer. En este caso nuestro orgullo por la calidad de nuestro trabajo era mayor que la necesidad de tener razón.
Fue muy duro al comienzo. Recordemos que todo lo que habíamos hecho se basaba en suposiciones anticuadas. Esto significaba que nuestros pacientes y sus familiares podían señalar errores en lo que en ese momento hacíamos.
Alguien de nuestro equipo recuerda un día en que estaba dando una charla a un grupo sobre la importancia del crecimiento emocional para llegar a ser una persona autorrealizada. Uno de los alcohólicos de la audiencia le pidió que le dijera claramente qué tenía que ver todo esto con el hecho de dejar de beber.
Lo explicó en términos comprensibles para el alcohólico pero a la vez pensaba para sí: “Bueno, ésta es realmente una buena pregunta.
¿Qué tiene efectivamente que ver esto con el abandono de la bebida?”
Evidentemente se trataba de otra suposición.
Lentamente, a través de un proceso con muchas equivocaciones, dándonos cuenta de todo esto y efectuando cambios, perfeccionamos un programa de tratamiento que seguía basándose en los Pasos de AA, pero que también era consecuente con nuestra nueva manera de ver el alcoholismo como una enfermedad. Esto no sucedió de un día para el otro. Nuestro nuevo programa surgió de un examen constante de nosotros mismos y de nuestros métodos a través de los años.
A veces efectuábamos algún cambio en el programa que creíamos sería de utilidad, y luego descubríamos que no era así. Entonces debíamos admitir que nos habíamos equivocado y teníamos que comenzar desde el principio.
A veces debíamos tragarnos nuestro orgullo, admitir que sencillamente no sabíamos resolver un problema concreto y pedir a alguien que nos enseñara lo que él había hecho para luego poder imitarlo.
De todos los errores cometidos y corregidos surgió lo que creemos es un programa de tratamiento consistente, efectivo, útil y sobre todo práctico. Estamos satisfechos y pensamos dejarlo tal como está. Es decir, hasta que encontremos otro error.
Por si todavía no lo ha comprendido, lo que acabamos de describir representa una muestra del Décimo Paso.
Identificamos un error en nuestros métodos, uno muy importante, según se demostró después. Nos tragamos nuestro orgullo, nuestro deseo de tener siempre razón y comenzamos a revisar nuestros métodos.
Esto se debía hacer cada día. No había manera de que pudiéramos prever los cambios que tendríamos que hacer antes de que el programa se pusiera en funcionamiento. Teníamos que ser flexibles. Si hubiéramos insistido en hacer sólo aquellas pocas cosas que habíamos planeado al principio, la adopción de una nueva actitud y de un nuevo sistema terapéutico hubiera resultado un completo fracaso. Debíamos contar con un método para efectuar cambios a medida que avanzábamos.
Este es el espíritu del Décimo Paso. El programa se va solidificando y mejorando a través de un autoexamen ininterrumpido. De esta manera se puede vencer al peor enemigo de la recuperación: la propia necesidad, natural y humana de tener razón.
El programa de recuperación puede cambiar a medida que usted cambie, digamos que puede adquirir vida, como usted mismo.
Tomándose el tiempo necesario para observar lo que hace cada día, puede hallar las soluciones a problemas que nunca podría haber identificado mientras se encontraba en el cuarto Paso.

jueves, 25 de julio de 2019

FRASES #83

"Vive como tú quieres vivir, no como los demás quieren que tú vivas, porque tú eres el único que marca la diferencia"

Saber lo que se debe hacer no es lo mismo que ser capaz de hacerlo.

Ten los ojos bien abiertos antes del matrimonio, y medio cerrados después.

Sí y No.… son palabras muy poderosas, dales significado cuando las digas y respetalas cuando las oigas.

Una relación es de dos personas, lástima que algunas personas no saben contar.

Conozco personas bastante atractivas, pero tan vacías de la cabeza que creo que el físico es su regalo de consuelo. ¡Hay que leer!

Ojos que no ven... Sentido de mujer que lo detecta.

Your failure does not define you, your determination does.

Nadie sabe lo que tiene, hasta que la ve independiente, más feliz y más guapa

Hay personas que lo único inteligente que tienen, es el teléfono.

El insomnio es muy peligroso... para los que me rodean, porque cuando no duermo traigo un humor de la chingada.

No es que no sienta, más bien no sé qué sentir.

Tu problema fue decir muchas palabras, para terminar, cumpliendo pocos actos.

A mí me gusta que me digan la verdad, ya yo veré si duele o no.

"Si un día me preguntan, que es la vida... Responderé que la vida es hermosa porque a pesar de las lágrimas, los malos momentos, los dolores y las decepciones, siempre te da la oportunidad de empezar de nuevo, y claro la vida también tiene excelentes momentos".

"No pierdas la esperanza, recuerda que cuando el Sol se va, las estrellas asoman"

"No esperes una gran oportunidad para dar un paso, tu gran oportunidad se puede encontrar justo donde estás ahora mismo"

Somos la consecuencia de nuestras decisiones.

"El verdadero secreto de la felicidad consiste en exigir mucho de sí mismo y muy poco de los otros"

"Ser feliz no es tener una vida perfecta, ser feliz es reconocer que la vida vale la pena, a pesar de las dificultades"

"El éxito en la vida no se mide por lo que has logrado, sino por los obstáculos que has superado"

Pensar positivo es el comienzo para vivir una vida más alegre.

"No compitas con nadie, no tienes que demostrarle nada a nadie. No tienes que llegar a donde otro llegó. Solo supera tus propios límites.

¡Se la mejor versión de ti mismo!".