miércoles, 25 de septiembre de 2019

Vivo sin vivir en mí

Vivo sin vivir en mí,
y tan alta vida espero,
que muero porque no muero.

Vivo ya fuera de mí
después que muero de amor;
porque vivo en el Señor,
que me quiso para sí;
cuando el corazón le di
puse en él este letrero:
que muero porque no muero.

Esta divina prisión
del amor con que yo vivo
ha hecho a Dios mi cautivo,
y libre mi corazón;
y causa en mí tal pasión
ver a Dios mi prisionero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué larga es esta vida!
¡Qué duros estos destierros,
esta cárcel, estos hierros
en que el alma está metida!
Sólo esperar la salida
me causa dolor tan fiero,
que muero porque no muero.

¡Ay, qué vida tan amarga
do no se goza el Señor!
Porque si es dulce el amor,
no lo es la esperanza larga.
Quíteme Dios esta carga,
más pesada que el acero,
que muero porque no muero.

Sólo con la confianza
vivo de que he de morir,
porque muriendo, el vivir
me asegura mi esperanza.
Muerte do el vivir se alcanza,
no te tardes, que te espero,
que muero porque no muero.

Mira que el amor es fuerte,
vida, no me seas molesta;
mira que sólo te resta,
para ganarte, perderte.
Venga ya la dulce muerte,
el morir venga ligero,
que muero porque no muero.

Aquella vida de arriba
es la vida verdadera;
hasta que esta vida muera,
no se goza estando viva.
Muerte, no me seas esquiva;
viva muriendo primero,
que muero porque no muero.

Vida, ¿qué puedo yo darle
a mi Dios, que vive en mí,
si no es el perderte a ti
para mejor a Él gozarle?
Quiero muriendo alcanzarle,
pues tanto a mi Amado quiero,
que muero porque no muero.

Sor Juana Inés De La Cruz

miércoles, 18 de septiembre de 2019

Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba

Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba,
como en tu rostro y en tus acciones vía
que con palabras no te persuadía,
que el corazón me vieses deseaba.

Y Amor, que mis intentos ayudaba,
venció lo que imposible parecía,
pues entre el llanto que el dolor vertía,
el corazón deshecho destilaba.

Baste ya de rigores, mi bien, baste,
no te atormenten más celos tiranos,
ni el vil recelo tu quietud contraste

con sombras necias, con indicios vanos,
pues ya en líquido humor viste y tocaste
mi corazón deshecho entre tus manos.


Sor Juana Inés De La Cruz

martes, 17 de septiembre de 2019

Enfrentando Problemas

Todos tenemos problemas. Nadie puede decir que tiene todo resuelto de manera definitiva. Lo importante es saber qué hacer con esos problemas.
Para empezar, no podemos negarlos, porque eso hace que crezcan y nos hagan más daño. No se pueden resolver de manera equivocada, porque eso ocasiona problemas mayores. No se pueden adorar porque nos hacemos las víctimas, ello nos paraliza. 
Es necesario resolverlos de manera adecuada. Siempre he considerado que para resolver los problemas necesitamos, por los menos, cuatro actitudes bien concretas: 
1. Entender muy bien el conflicto, tener claras las causas, los atenuantes, las consecuencias; todo lo que lo ha ocasionado. Visiones parciales de los problemas nos llevan a soluciones equivocadas. 
2. Encontrar el camino de resolución e, inteligentemente, tratar de realizarlo. Todo tiene solución, hay que encontrarla. A veces no la encontramos porque usamos paradigmas muy simplistas para situaciones bien complejas. Se necesita inteligencia para encontrar la solución, pero fuerza interior para realizarla. 
3. Recibir asesoría de personas idóneas al respecto, ellas nos pueden dar visiones que nosotros no hemos tenido, así nos ayudan a resolver la cuestión. Hay que saber a quién le preguntamos y qué le preguntamos. No podemos escuchar a todo el mundo y hacer lo que todo el mundo nos manda a hacer. 
4. Creo en el poder de Dios. Él no va a bajar a resolver el problema, pero sí nos inspira, nos impulsa, nos muestra el camino o se vale de las estructuras históricas para realizar lo que requerimos. Orar nos ayuda mucho, nos da paz en el corazón, fuerza en el alma y seguridad en las manos para actuar, lo otro nos toca hacerlo a nosotros mismos.

Tarea del día: No te desesperes ante los problemas, siempre hay una solución; para encontrarla, ora un momento y pide a Dios que te ilumine.

Alberto Linero