jueves, 4 de febrero de 2021

Ser uno mismo

La verdadera humildad consiste en aceptarse y tratar honestamente de ser uno mismo.

La humildad es un concepto enigmático. Sabemos mucho sobre humillación, pero humildad es una idea nueva. Suena sospechosamente a arrastrarse, doblegarse y someterse. Pero la humildad no es eso. La auténtica humildad es, sencillamente, aceptar quienes somos.

Cuando llegamos al paso que usa la palabra humildemente, ya hemos empezado a poner en práctica este principio. El Cuarto Paso nos da la oportunidad de examinar quiénes somos en realidad, y el Quinto nos ayuda a aceptar lo que sabemos.

La práctica de la humildad implica aceptar nuestra auténtica condición, ser uno mismo con honestidad. No tenemos que arrastrarnos ni rebajarnos, ni tratar de parecer más inteligentes, ricos o felices de lo que somos en realidad. La humildad significa que abandonemos toda pretensión y vivamos lo más honestamente que podamos.

Sólo Por Hoy:

Dejaré que el conocimiento de mi verdadera naturaleza guíe mis acciones. 

Hoy, me enfrentaré al mundo tal como soy.

sábado, 11 de abril de 2020

“Muy descalzo"

Que si nació hoy, que si nació ayer, que si nació aquí, que si nació allá. Que si murió a los 33, que si murió a los 36. Que cuántos clavos, que cuántos panes y pescados. Que si eran reyes, que si eran magos. Que si tenía hermanos, que si no tenía. Que dónde está, que cuando vuelve.

A mí me agarró la mano cuando más lo necesitaba. 

Me enseñó a sonreír y agradecer por las pequeñas cosas.

Me enseñó a llorar con fuerzas y soltar. Me enseñó a despertarme saludando al sol y a acostarme con la cabeza tranquila.

 A caminar muy lento y muy descalza. 

Me enseñó a abrazar a todos y a abrazarme a mí.
Me enseñó mucho. Me enseñó a quererme con ganas. A querer al que tengo al lado y, de cuando en cuando, a estirarle la mano.

Me enseñó que siempre me está hablando en lo cotidiano, en lo sencillo, a manera de mensajes y que para escucharlo, tengo que tener abierto el corazón.

Me enseñó que un gracias o un perdón lo pueden cambiar todo.

Me enseñó que la fuerza más grande es el amor y que lo contrario al amor es el miedo.

Me enseñó cuánto me ama a través de mil detalles.

Me enseñó que los milagros sí existen. Me enseñó que si yo no perdono, soy yo la que se queda prisionera, y para perdonar primero tengo que perdonarme.

Me enseñó que no siempre se recibe bien por bien pero que actúe bien a pesar de todo. 

Me enseñó a confiar en mí y a levantar la voz frente a la injusticia. 

Me enseñó a buscarlo dentro y no fuera. 

Me deja que me aleje, sin enojarse. Que salga a conocer la vida. 

A equivocarme y aprender. 

Y me sigue cuidando y esperando. 

Hasta me dejó aprender de otros maestros, sin ponerse celoso. Porque es de necios no escuchar a todo el que hable de amor. 

Me enseñó que solo vengo por un tiempo, y solo ocupo un lugar pequeño. Y me pidió que sea feliz y viva en paz, que me esfuerce cada día en ser mejor y en compartir mi luz conociendo mi sombra, que disfrute, que ría, que valore, y que el SIEMPRE va a estar en mí....que aunque dude y tenga miedo confíe, ya que esa es la fe, confiar en El a pesar de mí....
Se llama Jesús

Feliz y santa pasión, muerte y resurreccion de Cristo Jesús!!! 
Feliz Vida en Él

lunes, 23 de diciembre de 2019

Es Un Alivio Tocar En Tu Casa

Eran como las 6 de la tarde. El timbre de la casa de la señora X sonó como si no quisiera haber sonado. la dueña acudió a abrir, sin estar muy segura de que alguien hubiera llamado.
Pero sí. Era aquel hombre, ya mayor, con aquellos rasgos marcadamente indígenas, que ya otras veces había pasado ofreciendo las cobijas de lana que, dobladas unas sobre otras, traía sobre el hombro.
- no me compras una cobija? -pregunto-, son de pura lana, pal invierno.
- fíjate que ahora no puedo. La vez pasada te compré 3. Deberías que ahora no tengo dinero, respondió la señora X.
- Ándale, ya se me hizo de noche y no he podido vender ninguno, Yo estoy más fregado que tú. Mira, ni siquiera traigo para echarme un taco. ¿Qué te cuesta?
- me da mucha pena, pero ahorita no tengo con qué. Pero de comer si puedo darte algo. Pásale.
- mejor aquí te espero
- no. Pásale y así por lo menos descansas un poco.
- la señora X logro, no sin insistir dos o tres veces, que el hombre pasará a la mesa de la cocina y de Jara sobre una silla su alteró de cobijas.
Mientras buscaba algo en el refrigerador que poder para prepararle y luego ponía a calentar un poco de sopa y le freía un bistec, le preguntó:
- ¿Y, desde dónde vienes?
- aquí nomás de Gualupita, cerca de Santiago Tianguistengo, en el Estado de México
- ¿Tú haces las cobijas o las compras para revenderlas?
- No, los las dejemos mi esposa y yo y una hija. Cuando ya tenemos unas cuantas, me vengo a venderlas aquí, a México.
- y aquí en México, ¿dónde duermes o qué?
- ya que me agarra la noche, me voy para la terminal de autobuses y ahí duermo. y al otro día me vengo de nuevo a recorrer las calles. y así hasta que acabó y me puedo regresar al pueblo con algunos centavos.

Mientras el hombre tomaba la sopa y se comía la carne, la señora X repasaba mentalmente todos aquellos datos y comprendía de una manera más clara aquello de "Yo estoy más fregado que tú" y decidió comprarle por lo menos una cobija con parte del dinero que tenía destinado al gasto de la semana.

Cuando el hombre se despidió, le dijo:
- De veras que es un alivio tocar en tu puerta. Tú siempre me hables y me das de comer. En otras casas ni te abren o te gritan desde la ventana y a nadie le importa ni quién eres ni como vives.

En el corazón de la señora x, como la mejor música que hubiera escuchado en su vida, quedaron resonando aquellas palabras: "es un alivio tocar en tu puerta".

Palabras estás que todos podemos escuchar, porque a todos se nos presenta en el día muchas oportunidades para poder hacerle sentir a nuestros hermanos más necesitados y ese "alivió".

Navidad es la fiesta del Dios que vino a tocar a nuestra puerta y que muchos no recibieron. La historia de las "posadas" es la historia de una serie de puertas que no se abrieron, y que no dejaron sentir a los santos peregrinos "el alivio" que era llamar a ellas.

Esta Navidad Dios llama también a nuestras puertas, pero disfrazado de mendigo, de vendedor de cobijas, de ama de casa con varios hijos, qué tiene que vender "yakules" de puerta en puerta... Hombres y mujeres a quienes, en nombre de Cristo, podemos darles "el alivio" por lo menos de tratarlos como hermanos y de interesarnos por ellos.

Que todos tengamos, así, una Navidad feliz, como "es un alivio tocar en tu puerta" tintineándonos en el corazón.

Rafael Moya García