viernes, 21 de septiembre de 2018

El Camino De Las Lagrimas (Cap. 4- Parte 1)

El Camino De Las Lagrimas (Jorge Bucay)

QUÉ ES EL DUELO


El duelo es el doloroso proceso normal de elaboración de una pérdida, tendiente a la adaptación y armonización de nuestra situación interna y externa frente a una nueva realidad.
Elaborar el duelo significa ponerse en contacto con el vacío que ha dejado la pérdida de lo que no está, valorar su importancia y soportar el sufrimiento y la frustración que comporta su ausencia.
Convencionalmente podríamos decir que un duelo se ha completado cuando somos capaces de recordar lo perdido sintiendo poco o ningún dolor. Cuando hemos aprendido a vivir sin él, sin ella, sin eso que no está. Cuando hemos dejado de vivir en el pasado y podemos invertir de nuevo toda nuestra energía en nuestra vida presente y en los vivos a nuestro alrededor.
Estas son algunas de las sensaciones corporales que sienten los que están de duelo. Es el llamado duelo del cuerpo.

Náuseas.
Palpitaciones.
Opresión en la garganta.
Dolor en la nuca.
Nudo en el estómago.
Dolor de cabeza.
Pérdida de apetito.
Insomnio.
Fatiga.
Sensación de falta de aire.
Punzadas en el pecho.
Pérdida de fuerza.
Dolor de espalda.
Temblores.
Hipersensibilidad al ruido..Dificultad para tragar.
Oleadas de calor.
Visión borrosa.

Y estas son algunas de las conductas más habituales después de una pérdida importante.

Llorar.
Suspirar.
Buscar y llamar al ser querido que no está.
Querer estar solo, evitar a la gente.
Dormir poco o en exceso.
Distracciones, olvidos, falta de concentración.
Soñar o tener pesadillas.
Falta de interés por el sexo.
No parar de hacer cosas o apatías.

Recomendaciones para recorrer el camino de las lágrimas (y sobrevivir)

1.-Permitiste estar de duelo.
Date el permiso de sentirte mal, necesitado, vulnerable...
Podes pensar que es mejor no sentir el dolor, o evitarlo con distracciones y ocupaciones pero, de todas maneras, con el tiempo lo más probable es que el dolor salga a la superficie.
Mejor es ahora. Acepta que posiblemente no estés demasiado interesado en tu trabajo ni en lo que pasa con tus amistades durante un tiempo, pero metete en el duelo con todas sus consecuencias. Tu vida será diferente mientras recorres este camino, muy probablemente tendrás que cambiar transitoriamente algunos hábitos, seguramente te sientas vacío...
Permitite sentir el dolor plenamente porque el permiso es el primer paso de este camino y ningún camino se termina si antes no se comienza a recorrerlo.

2.- Abrí tu corazón al dolor:
Registrá y expresá las emociones que surjan, no las reprimas.
No te hagas el fuerte, no te guardes todo para adentro.
Con el tiempo el dolor irá disminuyendo. Si hay algo que opera siempre aliviando el trayecto es justamente encontrar la forma y darse el permiso de sentir y expresar el dolor; la tristeza, la rabia, el miedo por lo perdido. recorrer el camino de punta a punta es condición para cerrar y sanar las heridas. Y este camino se llama el Camino de las Lágrimas. Permitite el llanto.
Te merecés el derecho de llorar cuanto sientas. Posiblemente sufriste un golpe brutal, la vida te sorprendió, los demás no supieron entender, el otro partió dejándote solo. Nada más pertinente que volver a nuestra vieja capacidad de llorar nuestra pena, de berrear nuestro dolor, de moquear nuestra impotencia. No escondas tu dolor. Compartí lo que te está pasando con tu familia y tus amigos de confianza...Llorar es tan exclusivamente humano como reír. El llanto actúa como una válvula liberadora de la enorme tensión interna que produce la pérdida. Podemos hacerlo solos si esa es nuestra elección, o con nuestros compañeros de ruta para compartir su dolor, que no es otro que nuestro mismo dolor. Cuando las penas se comparten su peso se divide. Cuando el alma te duele desde adentro no hay mejor estrategia que llorar.
No te guardes todo por miedo a cansar o molestar. Busca a aquellas personas con las cuales podes expresarte tal como estás. Nada es más impertinente y perverso que interrumpir tu emoción con tus estúpidos condicionamientos de tu supuesta fortaleza protectora del prójimo.

3.- Recorrer el camino requiere tiempo.
Dicen que el tiempo lo cura todo. Pero cuidado, el tiempo solo quizás no alcance. LO que realmente puede ayudar es lo que cada uno hace con el tiempo.
NO te hagas expectativas mágicas. Estate preparado para las recaídas. Un suceso inesperado, una visita, un aniversario, la Navidad te vuelven al principio, es así.
No podés llorar hoy lo de mañana, ni seguir llorando lo de ayer Para hoy es tu llanto de hoy, para mañana el de mañana.
¿Estás utilizando este día para aceptar que estás de duelo, para reconocer que lo perdido ha muerto y no lo vas a recuperar?
¿Estás utilizando el día de hoy para sentir tus emociones intensamente y para expresar el dolor que supone esta pérdida?
¿Estás utilizando este día para aprender a vivir sin esa persona querida?
¿Estás utilizando el día para volver a centrarte en vos mismo?
Viví solamente un día cada día.

4.- Sé amable contigo.
Aunque las emociones que estás viviendo sean muy intensas y displacenteras (y seguramente lo son) es importante no olvidar que son siempre pasajeras...Uno de los momentos más difíciles del duelo suele presentarse después de algunos meses de la pérdida, cuando los demás comienzan a decirte que ya tendrías que haberte recuperado. Sé paciente. No te apures. Jamás te persigas creyendo que ya deberías sentirte mejor. Tus tiempos son tuyos.
Recordá que el peor enemigo en el duelo es no quererse.

5.- No tengas miedo de volverte loco.
Todos podemos vivir sentimientos intensos de respuesta a la situación de duelo sin que esto te lleve a ningún desequilibrio La tristeza, la bronca, la culpa, la confusión, el abatimiento y hasta la fantasía de morir son reacciones habituales y comunes a la mayoría de las personas después de una pérdida importante o de la muerte de un ser querido.
Necesitas sentir el dolor y todas las emociones que lo acompañan: tristeza, rabia, miedo, culpa...Habrá personas que te dirán: "Tenés que ser fuerte". No les hagas caso.

6.- Aplazá algunas decisiones importantes.
Decisiones como vender la casa, dejar el trabajo o mudarte a otro lugar son trascendentes, y se deben tomar en momentos de suma claridad; dado que un cierto grado de confusión es inevitable en el recorrido de este camino, sería preferible dejarlas para más adelante.
Con el mismo razonamiento sobre todo en los primeros tiempo inmediatos a la pérdida no parece conveniente iniciar una nueva pareja, decidir un embarazo, acelerar un casamiento.
Podríamos lamentarlo después.
hay urgencias que no se pueden postergar, pero conviene respetar la norma de no cruzar los puentes antes de llegar a ellos.

7.- No descuides tu salud.
Muchos de los que recorren el camino están tan ocupados en su proceso interno, están tan atentos a su sentir penoso que no prestan atención a su propio cuerpo. Pasados los primeros días puede resultar muy útil que decidas por unas semanas imponerte un horario para levantarte, un horario para las comidas, una hora para acostarte...y lo sigas. Alimentate bien y no abuses del tabaco, del alcohol ni de los medicamentos. De hecho si para ayudarte en estos momentos fuera necesario tomar algún medicamento, deberá ser siempre a criterio de un médico y nunca por los consejos de familiares, amigos y vecinos bien intencionados. De todas maneras es bueno no deambular "buscando" el profesional que acepte recetar los psicofármacos para "no sentir", porque lejos de ayudar puede contribuir a cronificar el duelo.

8.- Agradecé las pequeñas cosas.
Es necesario valorar las cosas buenas que seguimos encontrando en nuestra vida en esta situación de catástrofe.
Sobre todo, algunos vínculos que permanecen (familiares, amigos, pareja, sacerdote, terapeutas), aceptadores de mi confusión, de mi dolor, de mis dudas y seguramente de mis momentos más oscuros. Para cada persona lo que hay que agradecer es diferente: seguridad, contención, presencia y hasta silencio.

9.- Anímate a pedir ayuda.
No interrumpas tu conexión con los otros, aunque ellos no estén hoy recorriendo este camino. Necesitás su presencia, su apoyo, su pensamiento, su atención. Dales la oportunidad a tus amigos y seres queridos de estar cerca. Todos lo que te quieren desearán ayudarte, aunque la mayoría no sabe cómo hacerlo.
Algunos tienen miedo de ser entrometidos. Otros creen que te lastiman si te recuerdan tu pérdida. Necesitás que te escuchen, no que te den su opinión de lo que deberías hacer, sentir o decidir. No te quedes esperando su ayuda y mucho menos pretendiendo que adivinen.
Pedí lo que necesitás. NO es más sabio ni más evolucionado el que no precisa ayuda, sino el que tiene conciencia y valor para pedirla cuando al necesita.

10.-Procura ser paciente con los demás.
Ignorá los intentos de algunas personas de decirte cómo tenés que sentirte y por cuánto tiempo, no todos comprenden lo que estás viviendo. Amorosamente intentarán que olvides tu dolor, lo hacen con buenas intenciones, para no verte triste, teneles paciencia pero no te ocupes de complacerlos. Más bien apartate un poco gentilmente y buscá a quienes puedan permitirte "estar mal" o desahogarte sin miedo cuando lo sentís así. De todas.maneras quizás sea mejor que durante un tiempo prestes más atención a la intensión de quienes te rodean que a lo que dicen en palabras. A veces los que uno pensaba que serían los mejores compañeros de ruta no pueden compartir tu momento.
Soportan tan mal el dolor ajeno que interrumpen tu proceso y retrasan tu paso hacia el final del camino. De todas maneras, una vez más, no te fastidies con ellos por eso.

jueves, 20 de septiembre de 2018

Llegamos A Creer (Cap. 4 - Parte 2)

PERMANEZCA SOBRIO CON AMOR
Había andado alrededor de A.A. por cerca de dos años y había tenido poco éxito en permanecer sobrio. Un día me encontré en un pequeño cuarto en la zona comercial de Toronto, habiéndome emborrachado saliéndome del amor y respeto de una adorable esposa, cuatro saludables hijos, una madre, un padre, otros parientes y amigos. Estaba solo otra vez, con ese terrible sentimiento de total aislamiento y miedo de la ruina inminente. Así es que una vez más, lleno de odio, envidia, lujuria, pereza, y sobre todo desesperanza total, me presenté a las puertas de Alcohólicos Anónimos.
Mis amigos de A.A., se mostraron un tanto escépticos respecto a mi regreso al redil; estaba esto justificado, ya que se habían dado cuenta de mis continuas entradas y salidas, y que sólo había podido acumular un máximo de seis meses de sobriedad continua. Pero agradecí a Dios por la compasión, el amor y la comprensión de un matrimonio de A.A., quienes me ayudaron a vivir y respirar A.A. durante los siguientes cuarenta y cinco días por medio de conversaciones telefónicas, reuniones abiertas, reuniones de discusión, largas pláticas ante la mesa de la cocina, y lo más importante, mediante la oración.

Yo me había mofado del aspecto espiritual de nuestro programa en muchas ocasiones previas, proclamando que este negocio de Dios era para afeminados e hipócritas. Pero esta vez era diferente. Después de mi última borrachera, yo sabía que para mí era la muerte o la locura, si continuaba bebiendo. Esta vez, recé. En alguna forma sentía que había un Poder mayor que yo mismo, el cual podía aliviarme de mi sufrimiento, y que por lo tanto lo mejor era intentar encontrarle.

A los cuarenta y cinco días de mi nueva sobriedad, regresé al pequeño cuarto de la zona comercial de Toronto y me hundí en una depresión que no se puede describir con palabras. Era como si mi cuerpo y mi alma se encontraran separados por completo. Vi tan claramente, como siempre lo veré, la completa inutilidad de mi existencia, y de la destrucción llevada a cabo por mi terco y orgulloso engaño de que yo podía tomarme "sólo unas pocas". Había alcanzado un punto en la vida en donde ya no podía seguir solo, borracho o sobrio. Eso, mis amigos, fue una soledad que espero no olvidar nunca.

Una cosa muy extraña me sucedió esa tarde. Rehusé ceder a tomar un trago. Después de casi tres horas de agonía, grité pidiendo la ayuda de Dios. Y salí del cuarto con una fortaleza como nunca había pensado que fuera posible.

Durante las dos semanas siguientes, me sentí "transformado" sin emborracharme y sin otras drogas. Por primera vez en mi vida adulta, yo estaba indiscutiblemente consciente de la presencia viva de Dios dentro de mí mismo y del universo. Viendo la belleza en la cara de un niño o en el verde del pasto de un árbol, y sintiendo la alegría de despertarme por la mañana con la mente fresca, mirando con ilusión las actividades del día, fueran nuevas y maravillosas experiencias. Los resentimientos, los odios, los miedos, todos parecían haberme sido arrancados; yo era capaz de perdonar y olvidar.

Las cosas que por muchos años pensé que necesitaba, ya no parecían importantes ahora que había llegado a estar consciente de los recursos espirituales que Dios me había dado. Con ellos, no necesitaba alcohol para funcionar.

¡Qué alegría de permanecer sobrio, en el amor en lugar de por el miedo!.
Desde esa vez, he disfrutado unos diez y siete meses de sobriedad. Escribo esto para el alcohólico que siente que ha ido muy lejos de la voluntad de Dios, en sus actos, palabras y hechos, como para no poder ponerse bien con El otra vez. Si eres sincero en tus oraciones, este maravilloso regalo está disponible para ti, como lo estuvo para mí.
Toronto, Ontario, Canadá.


"PIDA A DIOS FORTALEZA"
Mis padres propiciaron un ambiente moralmente saludable para mi desarrollo, me proporcionaron una buena educación y me llevaron a la iglesia. Pero su concepto de un Dios temible, vengativo, fue amenazante para mí, porque procuré mantenerme bien lejos de el y de Sus creyentes. Sin embargo, la necesidad de la aprobación de mis familiares y amigos estaba en conflicto con mi incredulidad. Incapaz de vivir de acuerdo a las enseñanzas de mis padres, las rehuía una y otra vez, negándome a mí mismo una creencia en Dios.

Cuando llegué a A.A. en 1955, sólo tenía treinta y un años. "Eres demasiado joven. No has bebido lo suficiente. No has sufrido lo suficiente". Así me decían algunos miembros. Aún tenía a mi familia (aunque era la segunda) un trabajo y una cuenta en el banco, y estaba construyendo mi casa. De todas formas, toqué un fondo alto, un fondo bajo y todos los fondos de en medio. Así es que asistía a las reuniones de A.A. y por cinco meses estuve esperando el impacto de un trueno que transformara a este joven en un alcohólico responsable, recuperado. LA visión que tenía, sin embargo, era limitada y mi oír confuso. La frustración de no experimentar un renacimiento espiritual, causó que me abandonara en mis esfuerzos para recuperarme; pero después de cada round con la botella siempre regresaba a A.A.

Tuve cuatro buenos padrinos. Uno fue mi consejero espiritual, con el que sentía poca simpatía. Cada vez que se paraba en el púlpito hablaba de Dios tal como él lo comprendía. Mientras yo me resentía con sus recomendaciones y le escuchaba contra mi voluntad, un día me tocó una cuerda que respondió. Dijo, "Cuando hayas agotado todos los recursos de los familiares, amigos, doctores, ministros, aún te queda una fuente de ayuda. Esta es una que nunca falla y nunca se agota, y está siempre disponible y deseosa de que la uses".

Estas palabras regresaron a mi mente una mañana, en el cuarto de un hotel, al final de una parranda de tres semanas. Estaba agudamente consciente del picadillo en que mi vida se había convertido. 

Ahora mi segundo matrimonio estaba entre las rocas y los niños habían estado sufriendo. Esa mañana, era capaz de ser honesto. Sabía que había fracasado como padre, esposo e hijo. Había fracasado en la escuela y en el servicio militar y había perdido todos los trabajos y negocios que había intentado. Ni la religión, ni la profesión médica, ni A.A. habían tenido éxito conmigo. Me sentía completamente derrotado. Entonces recordé algunas de las palabras de mi padrino: "Cuando todo lo demás te haya fallado agárrate de una cuerda y no la sueltes. Pídele a Dios fortaleza para permanecer sobrio por un día".

Me fui al inmundo baño y me arrodillé: "Dios mío, enséñame a orar" le supliqué. Permanecí ahí largo rato y cuando me levanté y dejé el cuarto, supe que nunca tendría que volver a beber. Llegué a creer ese día, que Dios me ayudaría a mantener mi sobriedad. Desde entonces, he llegado a creer que Dios me ayudará con cualquier problema.

Durante los años que han transcurrido desde mi último trago, no me he encontrado con tantos problemas como antes. Conforme he ido creciendo en la capacidad para comprender las cosas que me sucedieron, no creo que fuera en esa mañana en el hotel cuando yo encontré a Dios. Creo que El ha estado dentro de mí todo el tiempo, tal como El lo está en otras personas, y yo lo descubrí limpiándome de los restos del naufragio de mi pasado, tal como lo recomienda el Libro Grande.
Birmingham, Alabama.


EL VASO EN PEDAZOS
"Era el mejor de los tiempos, era el peor de los tiempos . . . " Con esta frase se comienza la novela de Charles Dickens "Historia de dos ciudades". En mi vida, en 1968 fue exactamente un año así. Cuando se inició, cada jugada que hacía me llevaba más cerca de la desesperanza. Hacía mucho tiempo que mi familia había dejado de decirme algo al respecto, excepto que esperaban que pronto me encontrara a mí misma. Afortunadamente, me dejaron trabajar sola en la búsqueda de la solución. Podía haber sido escondida y encerrada en la casa, internada en una institución o abandonada después de decirme que no era buena. En cambio el amor y la fe en un Poder Superior le dijo a mi familia que vigilara y esperara.

Mi primera llamada a A.A. fue para que me mandaran alguna literatura. Cuando llegó, devoré cada una de las palabras y continué bebiendo. Finalmente llamé otra vez a A.A. Me daba miedo llamar a casa y pedí que me internaran en una institución, no obstante que estaba convencida de mi insanidad; ninguna persona sana continúa bebiendo si ella misma no quiere hacerlo.

Por cerca de tres meses asistí a las reuniones cuatro veces a la semana. Recompensante como lo es cualquier encuentro con el programa, aún parecía ser un saco sin fondo en lo que respeta a adquirir la serenidad por la que rezaba tan a menudo (durante este tiempo, nunca se me mencionó el Libro Grande). Una noche encontrándome con el ánimo muy bajo, me serví el trago. Parecía como si fuera alguien distinto quien actuaba en mi lugar. Dejé caer el vaso.

Cuando me serví otro trago, me di cuenta de que estaba rezando pidiendo ayuda. El segundo vaso también se me cayó y se destrozó como lo había hecho el primero. Con decisión me serví otro, lo sostuve con ambas manos y me lo bebí de una vez. De pronto, vi claramente que esto no era lo que quería.

El miedo me estremeció, corrí al teléfono y temblorosa marque el número de una nueva amiga de A.A. Vino enseguida y se estuvo gran parte de la noche conmigo. Discutimos el Paso Uno, y me sentí como en mi propia casa con lo que este dice. Cundo llegamos al Paso Dos admití encontrarme con una completa confusión. Ya avanzada la noche me dejó con esas 575 páginas de inspiración llamadas Libro Grande.

Me senté y me puse a leer enseguida. Al llegar al capítulo cuarto, la palabra "esperanza" saltó fuera de la página con la luminosidad de un anuncio de neón. Leí y releí las frases hasta que me di cuenta que la risa y las lágrimas se me entremezclaban y que ya no estaba sentada, sino dándole vueltas al cuarto como una loca. Sentía como si un gran peso me hubiera sido quitado de los hombros. Por primera vez empecé a entender que no podía beber como otras gentes, que no era como otras gentes y que ya no tenía que tratar de ser como ellas. Me sentí como Scrooge en otro clásico de Dickens, "Canción de navidad", cuando se despierta y descubre que, después de todo, no se ha perdido la Navidad. Baila, llora, ríe a gritos, tal como yo estaba haciendo. Scrooge y yo hemos vuelto a nacer para vivir la vida que nunca habíamos soñado.

La cresta de esta experiencia duró varias horas. Cuando me dormí exhausta, fue con el convencimiento de que por fin había comenzado mi adaptación a la vida, como una alcohólica. Desde ese momento, las cosas parecieron cambiar desde adentro.

Gradualmente, pude reconocer cuando me dejaba ir de acuerdo a mi propio modo de ser, y así podía frenarme y rectificar el camino, para que "Tú voluntad y no la mía" llegará a ser algo más que meras palabras. Ha habido muchas veces que me ha sido difícil recordar este revelación; pero poco a poco, parece más fácil cada día. Mi caminar ha sido de dos pasos adelante, en vez de un retroceso total. Los días son así demasiado cortos, y rara vez insípidos. Cada día es un nuevo reto para permanecer sobria y continuar caminando derecho hacia adelante.
Charleston, West Virginia.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

Sé Autentico

Para poder tener relaciones interpersonales sanas y constructivas considero que es fundamental la identidad, la autenticidad. No podemos ir por el mundo tratando de ser alguien que no somos, forzando nuestra personalidad y haciéndoles creer a los demás que tenemos cosas que no tenemos, y que somos quienes en realidad no somos.

Es dañino intentar fingir siempre, aparentar, ya que quien lo hace no puede ser plenamente feliz, porque debe vivir en una constante mentira, y si hay algo que ocasiona la mentira es la angustia de no ser descubierto, y ésta es la peor enemiga de la felicidad. Por supuesto que estamos en tiempos de apariencias, todos quieren mostrar cosas que no son, hoy la mayoría optan por la superficialidad.

Nuestra sociedad está condenada a mostrar, a aparentar, solo para no ser rechazado. Yo, por el contrario, creo que solo aquel que se viste de sí mismo, que es capaz de ser transparente, de expresar sus sentimientos y emociones, de mostrarse tal cual es, es el verdadero ser humano, y no aquel que muestra mentira y vive de ella.

Sería bueno que en este día pudieras mirar tu vida, y en ella pudieras tratar de mirar si lo que has hecho hasta ahora es ser auténtico, o si, por el contrario, estás viviendo en una farsa que cada vez más te va a ahogar. Vive con autenticidad, siendo tú mismo, sin herir a los demás, pero tampoco dependiendo de lo que los otros puedan decir de ti.

TAREA DEL DÍA
Sé auténtico.

  PADRE ALBERTO LINERO