4. LIBERACION DE LA OBSESION
En las últimas etapas de nuestra bebida, la voluntad de resistir se ha escapado.
Sin embargo, cuando admitimos la derrota total y estamos enteramente dispuestos a tratar de vivir conforme a los principios de A.A., nuestra obsesión se desvanece y entramos a una nueva dimensión, la libertad bajo la voluntad de Dios, tal como lo comprendemos.
Bill W.
Carta, 1966
RENDICION TOTAL
Lo que más me impresionó siempre acerca del programa y de mí mismo, es el constante y continuo desafío para tratar de recuperar algo de aquel verdadero y honesto entusiasmo que sentí con la total rendición, cuando llegué por primera vez a A.A. Para mí, esa clase especial de paz espiritual nunca se ha repetido. Ahora, después de todos los períodos de veinticuatro horas acumulados, me doy cuenta de que probablemente nunca se repetirá. He llegado a estar muy cerca de ello algunas veces, pero nunca ha sido igual.
Creo que hay una relación directa entre ese sentimiento y nuestra necesidad en el momento en que fuimos introducidos al programa. Nuestras motivación según creo, es una combinación de dolor suficiente y la Gracia de Dios. ¡De seguro que es una extraña combinación! No encuentro la forma de expresarla a nadie que no pertenezca a A.A.
Des Plaines, Illinois.
EL COGIÓ EL CONTROL
No podía creer que la sobriedad me beneficiaría. Con una esposa que trabajaba, una bonita casa, un impresionante automóvil y tarjetas de crédito en el bolsillo, ¿quién necesitaba ayuda? No creía que pudiera existir ninguna alegría en la vida sin borracheras, cabarets de lujo, y muchachas de cabaret de bajo fono. No podía cree que "esos santurrones" en A.A. estuvieron tan interesados en mi bienestar como ellos lo afirmaba. Y además, no podía creer que gente que admitía haber vivido en la parranda pudiera enseñarme a mí una mejor manera de vivir.
Tampoco necesitaba que me dijeran nada acerca de Dios. Mi abuela, mis tías, y muchas otras personas ya lo habían intentado. Aunque no me interesaba llamarme cristiano, si creía que había una especie de Dios, en algún lugar quien me ayudaría si realmente necesitaba ayuda externa. Pero yo era lo suficientemente hombre y lo suficientemente brillante para ayudarme a mí mismo. ¡Así es que yo no le iba a pedir ayuda a Dios ni a nadie más!
En estos tres últimos años, mientras jugaba en la puerta giratoria con la Comunidad, me bebí todas mis excusas para no necesitar a A.A. Una noche, me senté a solas en mi apartamento, e hice un arqueo de caja: ochenta y nueve centavos de dólar. No tenía alimento disponible. ¿Me gastaría ochenta y cinco centavos en otra botella de vino?
Sí, ¡tenía que hacerlo! Sería imposible para mí enfrentarme al mundo por la mañana sin una bebida. Pero, entonces, me di cuenta de que en realidad no tenía que enfrentarme a ningún mundo por la mañana porque ya no tenía un trabajo al que ir, ni una esposa que me cantaleteara continuamente, ni hijos que me fastidiaran pidiéndome dinero para la escuela.
¿Qué podría hacer? Mi mente se llegó a sentir tan desesperadamente cansada al respecto, que inclusive se negó a intentar una decisión. Desesperado, esperando que El pudiera estarme escuchando, me dejé caer de rodillas al lado de mi botella vacía y oré con sencillez, "Dios mí, por favor ayúdame".
La respuesta llegó inmediatamente. Me di cuenta de que en alguna forma podía pasar la noche ay aún enfrentarme a la luz del día sin otra botella.
Al día siguiente fui a un centro de rehabilitación para alcohólicos. Durante mi estancia, asistiendo diariamente a las reuniones de A.A. y conversando acerca del alcoholismo y la sobriedad con gentes cuya sobriedad personal variaba desde un día a veinticinco años, yo llegué a creer.
El Poder Superior se había llevado esa precisa noche, mi permanente deseo por alcohol, y él me había guiado de regreso a A.A. A pesar de que estaba tratando sinceramente de seguir el programa de A.A., me volvió
el deseo de embriagarme, y tuve que luchar contra él constantemente. Cuando se leyeron los Pasos, la frase "Dios, tal como lo comprendemos" me molestó. Esas gentes tenían algo que yo era incapaz de comprender. Nunca había sido capaz de comprender a Dios, y aún no lo soy. El cambiar Su nombre por el "Poder Superior" no me fue de ninguna ayuda.
Un miembro de los más antiguos usó la metáfora de la electricidad, que después encontré en el Libro Grande. "Una persona que entra en un cuarto oscuro no se preocupa por comprender la electricidad", dijo. "Solamente encuentra el interruptor y enciende la luz". Explicó que podemos encender el interruptor de la espiritualidad simplemente pidiéndole cada mañana a Dios otro día de sobriedad y agradeciéndole por la noche el haber permanecido hermosamente sobrios otro día. El dijo "Hazlo mecánicamente si tú no lo crees en verdad. Pero hazlo diariamente. Probablemente no hay nadie que comprenda los maravillosos caminos del Poder Superior, y no necesitamos hacerlo. El nos comprende".
Así, de esa manera recé cada noche y cada mañana. Algunas veces lo sentía; otras no. Conseguí un trabajo, porque ya no estaba temeroso de solicitarlo. No era la clase de trabajo del que me sentiría orgulloso, y la paga era escasa. Sin embargo, permitió que me mantuviera por mí mismo, y me trasladé del centro de rehabilitación a un pequeño apartamento.
Un sábado en la noche mi "carga" de autolástima me resultó ya muy pasada, y me derrumbé. Aquí estaba, con dos meses de sobriedad, tratando con ahínco de trabajar en el programa. Siendo tan honesto, que me dolía. Continuamente reprimiendo el deseo físico de un trago. ¿Y qué había conseguido? Nada. Vivía solo e un oscuro lugar. Trabajaba en un empleo que desdeñaba. Ganaba apenas lo suficiente para compartir una moneda con la cesta de los "sin trabajo".
Al infierno con todo esto. ¡Más bien podía emborracharme! Manejando hacia la zona que había frecuentado durante la última etapa de mi bebida en bares, inconscientemente di giros equivocados por tres veces en otras tantas esquina, en calles que conocía también como usted conoce el cuarto en que duerme, y terminé en frente de un club de A.A. Me había bajado del automóvil y me encontraba ante la puerta antes de que me diera cuenta de que había equivocado el camino.
Bien, pensé, entraré y les diré adiós . . . en alguna forma concluí yendo a una reunión cercana de A.A. a la que dos miembros me llevaron; la reunión fue tan buena que borró completamente la idea del peregrinaje por los bares.
Cuando entré en mi apartamento y le di un golpecito al apagador para encender la luz, otra luz se hizo en mí. ¡Una luz dentro de mi terco cerebro!
Esa noche, agradecía fervientemente al Dios que yo no comprendo, por tomar el completo control de mi mente todo el tiempo suficiente para entregarme en manos de mis amigos de A.A. salvándome, de este modo, de ser "uno más de tantos borrachos". Ahí entonces, yo llegué a creer que Dios podía y haría por mí lo que ningún otro ser humano. Desde esa vez, no he tenido el deseo de un trago de alcohol. Desde entonces, he llegado a creer que cualquier cosa que sea apropiada para una vida mejor se hace posible viviendo diariamente en la forma de A.A. con la ayuda de un Dios comprensivo, al cual todavía no comprendo.
San Diego, California.
"BAJO DIOS"
El deseo de beber me fue removido y nunca más volvió, una vez que acepté el Paso Tres, durante una terrorífica tormenta en el Pacífico del Norte. Después de todo, usted no tiene mucho que decir ante una cosa así. La definición que la Compañía de Seguros Lloyd's de Londres da del patrón a cargo de un barco es "capitán bajo Dios".
A.A. Internacionalista
UN NUEVO SENTIMIENTO
Desde la infancia, he creído en Dios, pero dejé de ir a la iglesia cuando la embriaguez se apoderó de mí. Durante once años, no tuve un día sobrio, excepto cuando estaba hospitalizado o bajo el tratamiento de un Doctor. Recé muchas veces, pero sentí que eso no me conducía hacia Dios.
Un día, ya cerca del final de esos años, cometí el error de mezclar el licor con una medicina que me recetó un doctor vecino mío. Mi esposa estaba segura de que estaba muerto. Al día siguiente, el doctor dijo que si su teléfono hubiere estado ocupado solo unos minutos cuando ella lo llamó, hubiera sido demasiado tarde; los latidos de mi corazón y el puso se estaba apagando cuando él llegó. A pesar de eso, después de dos semanas de recuperación en el hospital y luego ocho semanas más de abstinencia continuada, estaba otra vez bebiendo. En el curso de dos meses, llegué a un punto en que quería morir y no podía.
Allá en Texas, mi hermana había conocido a un A.A. y después de que recibí una carta de ella, acepté ponerme en contracto con un miembro de A.A. en mi ciudad. Hubiera apostado diez dólares contra una moneda agujereada que se trataba de una falsa alarma, pero fui y me entrevisté con él. Me presentó su Libro Grande y me aconsejó que tratara de leerlo con una mente despejada y que me reuniera con él la noche del jueves siguiente para asistir a una reunión de A.A.
Le dije a mi esposa que nunca antes había hablado con una persona que pareciera comprender mi problema también como él lo hacía. Cerca de las siete p.m. fui al cuarto de baño, al gabinete de medicinas en el que guardaba mi licor y tomé un trago, de una botella de tres cuartos que acababa de comprar. Ahora si ya estaba listo para leer el libro de A.A. Después de leer como una hora, automáticamente me levanté para tomar otro trago. Pero me detuve, recordando que había prometido leerlo con una mente clara. Así que pospuse la bebida y continué con la lectura.
Cuando llegué al capítulo "Nosotros los agnósticos" leí: "No necesitamos hacernos más que una corta pregunta. ¿Creo ahora, o al menos estoy listo a creer, que existe un Poder Superior a mí mismo?" Esto me impresionó mucho.
Pero de cualquier manera fui al cuarto de baño para tomar un trago grande antes de acostarme, como lo había hecho todas las noches durante años. Cuando alargué la mano para tomar la botella, se me ocurrió pensar que "quizás" si pedía a Dios un poco de ayuda, El podría oírme. Apegue la luz y por primera vez en mi vida hablé con toda honestidad y sinceridad: "Querido Dios, si Tu quieres, escúchame. Soy, como Tu lo sabes, un completo canalla para mi familia, mis amigos y para mí mismo. Este licor me ha apaleado hasta derribarme, y soy incapaz de hacer algo al respecto. Ahora, si Tu quieres, dame una noche de descanso sin este trago".
Me fui a la cama. De lo primero que me enteré a continuación, fue que ya eran las seis y media a.m., hora de levantarme. Cuando me senté sobre la cama, por primera vez en años no tenía los sudores fríos y los temblores. Creí que lo que había pasado era que me había levantado y tomado algunos tragos de licor en la madrugada. Pero no; la botella estaba ahí, tal como yo la había dejado la noche anterior.
Me afeité sin tener que tomarme antes varios tragos de licor. Me fui a la cocina y le comenté a mi esposa sobre esta cambio y de la nueva sensación que yo tenía. Hasta me tomé un café sosteniendo la taza con una sola mano, en lugar de vaciarlo en un tazón y sostenerlo con las dos manos. "Sí Dios me está ayudando", dije, "De verdad espero que lo siga haciendo", mi esposa me dijo que El lo haría si yo trataba de ayudarme a mí mismo.
El jueves por la noche, me encontré con el hombre de A.A., y ambos asistimos a mi primera reunión y me encontré con las personas más excelentes y comprensivas que había conocido en toda mi vida. Yo tenía entonces cuarenta y tres años. Ahora tengo sesenta y uno. Puedo decir honestamente que nunca he estado siquiera cerca de tener una recaída, y con Dios como mi socio silencioso, estoy seguro de que puedo continuar así durante otras veinticuatro horas.
Evansville, Indiana.
"ÚSEME"
Después de unirme a A.A. en octubre, bebí el día de Navidad y otra vez en la noche de año nuevo, y no sucedió ningún desastre. Regresé a mi Grupo de A.A. sintiéndome tan íntegro como los demás, porque había sobrevivido a las fiestas. Además, había vencido al alcohol. ¡No se había llevado lo mejor de mi!.
Dos semanas después, de pronto, estaba borracho. No lo había planeado, ni siquiera había pensado en hacerlo; simplemente comencé a beber y no pude parar hasta que perdí el conocimiento. Algo andaba mal en mí. Estaba enfermo de algo que me llegaba hasta lo más profundo del alma. No podía soportarme a mí mismo. No podía mirar a la cara de mis hijos. No podía darle la cara a nada.
Me arrastré de regreso al Grupo de A.A., y escuché por vez primera. Esa noche regresé a mi casa con la mente adormecida. Me encontraba otra vez ante algo a lo que no sabía hacerle frente. Mi suerte no iba a cambiar. Yo era el que iba a tener que cambiar. ¿Podría? Pero, Dios, tal como yo lo comprendía, seguramente estaba disgustado conmigo por ahora. Yo había regateado y adulado y roto todas las promesas que siempre le había hecho. ¿Cómo podía ahora volverme hacia El?.
Al sentarme en ese cuarto vacío, pude oír las palabras "Tanto amó Dios al mundo . . . Tanto amó Dios al mundo . . . ".
Las palabras que finalmente expresé, parecieron haberme sido arrancadas: "Dios mío querido, ¿en dónde voy a encontrar la fortaleza para superar mi alcoholismo?".
La voz que me contestó era tranquila y dulce hasta más allá de cualquier descripción. "Tu tienes la fortaleza, todo lo que tienes que hacer es usarla. Yo estoy aquí. Yo estoy contigo. Aprovéchame".
Ese día volvía a nacer. Desde ese día me fue arrancada la compulsión. Durante once años, desde entonces, he encontrado en la sobriedad aquello que estuve buscando en la botella. Yo quería paz; Dios me dio paz. Quería ser aceptado; Dios me aceptó. Quería ser amado; Dios me aseguró que El me amaba.
Mis hijos ya son mayores, y son unos hermosos muchachos que diariamente, practican por costumbre los principios del programa de A.A.: amor, servicio y honestidad. Todos crecimos juntos, y eso nos hace ser buenos amigos.
Honolulu, Hawai.
martes, 18 de septiembre de 2018
lunes, 17 de septiembre de 2018
El Camino De Las Lagrimas (Cap. 3)
El Camino De Las Lagrimas (Jorge Bucay)
CAPÍTULO 3
EL CAMINO DE LAS LÁGRIMAS
Tristeza y
dolor, dos compañeros saludables.
En el lenguaje de todos los días solemos
equiparar el dolor con el sufrimiento, y la tristeza con la depresión.
Si buceamos en las etimologías del duelo
encontraremos que más allá de la hablada relación con el dolor existen además
otras derivaciones interesantes.
Una es la que relaciona el origen con
dwel, que quiere decir batalla, pelea entre dos; y que sugiere que en el
proceso interno de la elaboración de una pérdida, se establece una lucha, un
duelo de hegemonías entre la parte de mí que atada a la realidad acepta la
pérdida, y la que quiere retener, la que no está dispuesta a soltar lo que ya
no está.
La otra derivación lingüística se
vincula a dolos que quiere decir engaño, estafa, falsedad y que nos lleva a
pensar en el engaño de todos los que nos han ayudado a creer que podríamos
conservar para siempre lo que amábamos, y que todo lo deseado podría ser
eterno.
dolor = pena
duelo = guerra como enfrentamiento entre
dos partes
dolor = engaño de la eternidad
Vamos a recorrer este camino poniendo el
acento en la vinculación del duelo con el dolor por lo perdido, pero no
olvidemos que una guerra sucede en nuestro interior y que el bando de "los
buenos" es el que quiere aceptar que lo ausente ya no está.
No olvidemos que transitamos este camino
soportando la frustrada decepción de confirmar que la infantil creencia de las
cosas eternas se ha estrellado contra la realidad de una muerte.
Vamos a hablar por ahora de un duelo
normal, dejando el duelo patológico para más adelante.
Asociamos inevitablemente la palabra
duelo con la muerte pero voy a repetir muchas veces en este libro que el
proceso de elaboración de un duelo sucede (o mejor dicho sería bueno que
sucediera) frente a cualquier pérdida, definiendo como vivencia penosa la
situación interna frente a lo que ya no está.
Es decir, un duelo puede generarse
también a partir de una acción voluntaria, como decidir mudarme o dejar a
alguien y también desde hechos ineludibles como el paso del tiempo, por
ejemplo.
Frente a la vivencia de la pérdida el
proceso de duelo se establece para poder seguir adelante en nuestro camino, para
poder superar la ausencia. Pero en este camino que es el de las lágrimas se nos
presentan también algunos senderos que nos alejan del final. Uno es un supuesto
atajo, otro un desvío que conduce a una vía muerta
Negación
CAMINO DE LAS LÁGRIMAS dolor+
tristeza+
Superación.
Sufrimiento.
Tres maneras de recorrer el camino
frente a la pérdida.
Pero no existe más que un camino
saludable, el del proceso de elaboración del duelo normal.
La negación de la pérdida es un intento
de autoprotección contra el dolor y contra la fantasía de sufrir. Si bien es
cierto que, como veremos, una etapa normal del recorrido puede incluir un
momento de bloqueo de la realidad desagradable, lo consideramos un desvío
cuando la persona se estanca en esa etapa y sigue negando la pérdida más allá
de los primeros días.
La negación es una forma de fuga, un
vano intento de huida de lo doloroso. Y digo vano porque la negación nos lleva
al punto de partida. NO resuelve nuestra pérdida, sólo la posterga y apuesta a
que lo podrá hacer eternamente. El negador vive en un mundo de ficción donde lo
perdido todavía no se fue, donde el muerto vive, donde lo que pasó nunca pasó.
No es el mundo mágico donde todo se resolvió felizmente, sino la realidad
detenida en el momento en que todo estaba por comenzar. El universo congelado
un instante antes de enterarme de lo que hubiera preferido no enterarme.
El desvío hacia el sufrimiento en
cambio, es la decisión de no seguir avanzando. Es una especie de pacto con la
realidad que conjuga un mayor dolor ante la posibilidad de tener que soltar lo
perdido y mi deseo de no soltarlo nunca. Y entonces nos detenemos y nos
apegamos a lo que se fue, instalándonos en el lugar del sufrimiento. Sufrir es
cronificar el dolor. Es transformar un momento en un estado, es apegarse al
recuerdo de lo que lloro, para no dejar
de llorarlo, para no olvidarlo, para no renunciar a eso, para no soltarlo
aunque el precio sea mi sufrimiento, una misteriosa lealtad con los ausentes.
En este sentido el sufrimiento siempre
es enfermo. Es como volverse adicto al malestar, es como evitar lo peor
eligiendo lo peor.
El sufrimiento es racional aunque no sea
inteligente, induce a la parálisis, es estruendoso, exhibicionista, quiere
permanecer y necesita testigos.
El dolor en cambio es silencioso ,
solitario, implica aceptación, estar en contacto con lo que sentimos, con la
carencia y con el vacío que dejó lo ausente.
El sufrimiento pregunta por qué aunque
sabe que ninguna respuesta lo conformará, para el dolor en cambio se acabaron
las preguntas.
El proceso de duelo siempre nos deja
solos, impotentes, descentrados y responsables, pero sobre todo tristes.
El dolor conecta con un sentimiento: la
tristeza. Una emoción normal y saludable, aunque displacentera, porque
significa extrañar lo perdido.
Aunque la tristeza puede generar una
crisis, permite luego que uno vuelva a estar completo, que suceda el cambio,
que la vida continúe en todo su esplendor.
La más importante diferencia entre uno y
otro es que el dolor siempre tiene un final, en cambio el sufrimiento podría no
terminar nunca.
La manera en que podría perpetuarse es
desembocando en una enfermedad llamada comúnmente depresión. Por si no queda
suficientemente claro, depresión no es tristeza y el uso popular indistinto es
un gran error y una fuente de dañinos malos entendidos. La depresión es una
enfermedad de naturaleza psicológica, que si bien incluye un trastorno del
estado de ánimo, excede con mucho ese síntoma..Partiendo del significado de
"depresión" como "pozo, hundimiento, agujero, presión hacia
abajo o aplastamiento" entenderemos la enfermedad como una disminución
energética global que se manifiesta como falta de voluntad, ausencia de
iniciativa o falta de ganas de hacer cosas, trabajos, actividades, etc. En la
afectividad se expresa como tristeza, vacío existencial, culpa, sensación de
soledad. En la mente se crea pesimismo, acrecentamiento de pensamientos cada
vez más dominantes de inseguridad y temor.
Hay que sumar todas las características
de una enfermedad para poder diagnosticarla; quiero decir, que una persona se
sienta triste o pesimista o insegura o se encuentre desganada, no
necesariamente garantiza que esté deprimida.
El diagnóstico de depresión es
competencia del especialista y no de las evaluaciones de las revistas que
empiezan en el supuesto test del estilo:
"¡...Si Ud.sacó más de 15 puntos
está deprimido!"
Entre muchas otras cosas, porque también
se puede estar deprimido, sin padecer ninguno de los síntomas clásicos de la
depresión.
Según su causa, las depresiones se
suelen dividir en externas e internas.
¿Cuáles son esas causas externas?
Las desilusiones afectivas, los
conflictos interpersonales, la marginación o aislamiento por parte de otras
personas, la jubilación, los problemas económicos, la muerte de un ser querido,
un fracaso matrimonial, etc.
En la mayoría de estas depresiones el
factor desencadenante aparece para sumarse a otros hechos del paciente, no tan
circunstanciales: baja capacidad de frustración, miedos patológicos,
preocupaciones prolongadas, pesimismo, tensión nerviosa, fobia social,
tendencia al aislamiento y la soledad, personalidad dependiente, fuerte
añoranza del pasado, rigidez de pensamiento y por supuesto duelo patológico.
Los deprimidos tienden a deformar sus
experiencias, a malinterpretar acontecimientos tomándolos como fracasos
personales. Exageran, generalizan y tienden a hacer predicciones negativas del
futuro..Conocer estas causas pueden servirnos como ayuda para salir de una
depresión o como prevención si no se está en ella, porque la clave para solucionar
el problema se encuentra en el nivel de comprensión y de cambio en la forma de
encarar estas vivencias.
Si el individuo deprimido pudiera
mejorar lo que opina de sí mismo, del mundo, de sus propios pensamientos; si no
olvidara practicar alguna actividad física y centrara la atención en
comunicarse con personas más optimistas y escucharlos atentamente; si escuchara
Mozart, asistiera a cursos, desarrollara su creatividad e intentara ser más
útil a la sociedad a la que pertenece, podríamos decir sin duda que ha mejorado
su pronóstico y por ende su futuro.
Un paso más allá de la depresión
podríamos hallar aun la melancolía.
Ya en 1917 Freud comparaba el duelo con
la melancolía, porque en ambos casos existe:
* un estado de ánimo profundamente
doloroso,
* una cesación del interés por el mundo
exterior,
* la cancelación de la capacidad de
amar,
* la inhibición de todas las funciones
psíquicas.
La diferencia entre ambas es que en la
melancolía existe además una pérdida del sentimiento de sí.
Dicho de otra forma, en el duelo es el
mundo el que se muestra empobrecido mientras que en la melancolía es además el
propio yo del sujeto el que está vacío, devaluado, despreciable y aún más,
invadido por una visión del futuro llena de expectativas negativas. El melancólico
está seguro de que su sufrimiento continuará indefinidamente.
En el duelo ase puede localizar
fácilmente qué es lo que se ha perdido, mientras que el melancólico ya no sabe
o nunca supo lo que ha perdido, porque lo que ha perdido es su conciencia del
propio yo.
"De alguna manera los duelos
patológicos nos conectan con lo que ocurre en la melancolía: Ante la pérdida
del objeto, el sujeto, en lugar de retirar la energía psíquica (libido)
depositada en el objeto desaparecido y dejarla libre para desplazarse a otro
objeto, se retrotrae al yo y ahí se queda, identificándose con el objeto
perdido"..Freud dice que la angustia es la reacción ante el peligro que
supone para la integridad del sujeto la pérdida del objeto, mientras que el
dolor y la tristeza son la verdadera reacción ante el examen de realidad que me
priva de algo.
Cada tipo de pérdida implica
experimentar algún tipo de privación y las reacciones suelen ser en varias
áreas:
* psicológicas,
* físicas,
* sociales,
* emocionales,
* espirituales.
Las reacciones psicológicas pueden
incluir rabia, culpa, ansiedad o miedo.
Las reacciones físicas incluyen
dificultad al dormir, cambio en el apetito, quejas somáticas o enfermedades.
Las reacciones del tipo social incluyen
los sentimientos experimentados al tener que cuidar de otros en la familia, el
deseo de ver o no a determinados amigos o familiares, o el deseo de regresar al
trabajo.
Las reacciones emocionales pueden
redundar en extrañar, recordar, llorar o patalear como un niño.
Las reacciones espirituales pueden
incluir el cuestionamiento de la fe, la búsqueda de nuevos referentes
religiosos, el ingreso a vivencias de búsquedas mágica de contacto con el
pasado.
La respuesta cultural en el caso de la
muerte de alguien, es diferente en cada tiempo y en cada lugar.
Hay reglas, costumbres y rituales para
enfrentar la pérdida de un ser querido, que son determinados por la sociedad y
que forman parte integral de la ceremonia del duelo.
Pero, a pesar de las diferencias, en
cualquier entorno el proceso de duelo normal induce a liberarse de algunos
lazos con la persona fallecida, lo cual es indispensable para reintegrar al que
queda al ambiente en donde la persona ya no está y construir nuevas relaciones
para conseguir reajustarse a la vida normal.
Esta actividad requiere mucha energía
física y emocional, y es común ver a personas que experimentan una fatiga
abrumadora. Este agotamiento no debe caratularse de depresión porque muchas
veces es una vivencia transitoria en un duelo absolutamente normal..El resultado
de afrontar el dolor.
El resultado de afrontar el dolor.
Cuesta trabajo poder soltar aquello que
ya no tengo; poder desligarse y empezar a pensar en lo que sigue. De hecho esto
es, para mí, el peor de los desafíos que implica ser un adulto sano, saber que
puedo afrontar la pérdida de cualquier cosa.
Este es el coraje, esta es la fortaleza
de la madurez, saber que puedo afrontar todo lo que me pase, inclusive puedo
afrontar la idea de que alguna vez yo mismo no voy a estar.
Quizás pueda, por el camino de entender
lo transitorio de todos mis vínculos, aceptar también algunas de las cosas que
son las más difíciles de aceptar, que no soy infinito, que hay un tiempo para
mi paso por este lugar y por este espacio.
domingo, 16 de septiembre de 2018
FRASES #68
Cuando estas feliz disfrutas la música, cuando estas triste entiendes la letra.
Acepta y celebra que estas a cargo de tu propia felicidad. Eres director de tu destino. Puedes ser feliz o miserable requiere el mismo esfuerzo.
Aprende de quien te quiere, enseña a quien te crítica, libera a quien te odia y cuida a quien te admira.
La calumnia es como el lodo, cuando se seca, se cae.
Son muy pocos los que encuentran compañía consigo mismos.
Que el amor sea siempre mi guía.
Señor, no permitas que me quede donde estoy. Ayúdame a llegar a donde tú esperas que llegue.
La inteligencia busca, pero quien encuentra es el corazón.
Se necesita tristeza para conocer la felicidad. Ruido para apreciar el silencio y ausencia para apreciar la presencia.
No vivas dando explicaciones.... los amigos no las necesitan, los enemigos no las creen y los estúpidos no las entienden.
Yo no sufro la locura, la disfrutó a cada momento.
No tengo miedo a equivocarme, mientras viva tengo derecho a corregirlo.
El mundo está lleno de pequeñas alegrías; el arte consiste en saber distinguirlas.
No esperes el momento perfecto, toma el momento y hazlo perfecto.
A veces quisiera sacarte de mis sueños...........y abrazarte.
Tu deber es descubrir tú mundo y después entrégate con todo tu corazón.
No temas donde vayas, que has de morir donde debes.
Me gusta la gente que sin motivos te busca y sin ataduras se queda.
Las batallas de la vida son continuas, no las gana el más fuerte, sino el que en ningún momento duda que es DIOS quien da la Victoria.
Si das mucho es porque eres mucho. Nadie da lo que no tiene.
Resumen de mi vida: He reído por todo y he llorado por nada.
Dios te puso un ser humano a cargo y eres tú mismo. A ti debes hacerte libre y feliz, después podrás compartir la vida verdadera con los demás.
El enojo es un amortiguador del dolor.
Mereces Todo el amor de la vida, no lo olvides.
Todo está en empatar el alma con el corazón.
Acepta y celebra que estas a cargo de tu propia felicidad. Eres director de tu destino. Puedes ser feliz o miserable requiere el mismo esfuerzo.
Aprende de quien te quiere, enseña a quien te crítica, libera a quien te odia y cuida a quien te admira.
La calumnia es como el lodo, cuando se seca, se cae.
Son muy pocos los que encuentran compañía consigo mismos.
Que el amor sea siempre mi guía.
Señor, no permitas que me quede donde estoy. Ayúdame a llegar a donde tú esperas que llegue.
La inteligencia busca, pero quien encuentra es el corazón.
Se necesita tristeza para conocer la felicidad. Ruido para apreciar el silencio y ausencia para apreciar la presencia.
No vivas dando explicaciones.... los amigos no las necesitan, los enemigos no las creen y los estúpidos no las entienden.
Yo no sufro la locura, la disfrutó a cada momento.
No tengo miedo a equivocarme, mientras viva tengo derecho a corregirlo.
El mundo está lleno de pequeñas alegrías; el arte consiste en saber distinguirlas.
No esperes el momento perfecto, toma el momento y hazlo perfecto.
A veces quisiera sacarte de mis sueños...........y abrazarte.
Tu deber es descubrir tú mundo y después entrégate con todo tu corazón.
No temas donde vayas, que has de morir donde debes.
Me gusta la gente que sin motivos te busca y sin ataduras se queda.
Las batallas de la vida son continuas, no las gana el más fuerte, sino el que en ningún momento duda que es DIOS quien da la Victoria.
Si das mucho es porque eres mucho. Nadie da lo que no tiene.
Resumen de mi vida: He reído por todo y he llorado por nada.
Dios te puso un ser humano a cargo y eres tú mismo. A ti debes hacerte libre y feliz, después podrás compartir la vida verdadera con los demás.
El enojo es un amortiguador del dolor.
Mereces Todo el amor de la vida, no lo olvides.
Todo está en empatar el alma con el corazón.
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