martes, 12 de marzo de 2019

Oración Del Buen Fariseo

Señor yo no soy como los demás hombres, al menos como la mayoría de ellos. No puedo sino darte las gracias.

No quiero ser falsamente humilde, pero tengo que confesar que no merezco todo lo que tengo.

Los demás son pobres, sin un techo que lo resguarde de la lluvia, sin una posición o influencia social que los haga sentir importantes.

Yo puedo comer tres veces al día. Duermo dos veces.

La lluvia nunca se acaba de ir durante la noche ni tengo que pedir limosna y nunca me han llevado a la cárcel por vagancia o sospecha de robo.

No hay la menor duda de que no soy como los demás. Pero esto no es mi culpa. No lo conseguí, ni siquiera lo deseé nunca. Tú me diste todo esto.

Estoy aquí, por lo tanto, para darte las gracias. Ciertamente es lo menos que puedo hacer.

Con frecuencia he pensado que me gustaría levantarme una mañana y encontrar que soy uno de ellos. ¿Qué querría O podría hacer yo?

Si sólo pudiera querer ser uno de ellos, estoy seguro de que tú estarías muy complacido. Pero por ahora, me es muy difícil entenderlo y aún pensar en ello.

Cobarde como soy, todo lo que puedo hacer es agradecerte sinceramente el que yo no soy como los demás hombres.

Porque, Señor, Aunque es una vergüenza, sigo queriendo ser lo que soy.

William M. Barniem, S. J.

lunes, 11 de marzo de 2019

Llegamos a Creer (Cap 10 - Parte 5)

"NINGUN HOMBRE ES UNA ISLA"

Estaba espiritualmente en bancarrota mucho antes de que A.A. entrara en mi vida y mucho antes de que el alcoholismo, como un parásito bajo mi piel, tomara posesión de mí. Yo no tenía nada, ninguna fe a que aferrarme. No tenía fe en el hombre, porque al ir progresando mi deber había perdido la fe en mí misma. No confiaba en nadie, porque los demás no eran más que el mero reflejo de mí misma, y yo no podía confiar en mí.

Logré la sobriedad dentro de A.A., y, como un milagro, el cálido torrente de la verdad que tanto había temido durante tanto tiempo me inundó, y ya no volví a tener miedo. Comencé a preguntarme por que. Junto con la sobriedad, algo nuevo había entrado en mi vida.

Comencé a tener interés por otros. Esta expresión "interés por otros", junto con su hermana consideración, eran para mí una cosa extraña. Había creído que era capaz de enamorarme; me había considerado una madre amorosa; pero estas emociones, ahora lo comprendo, habían sido reflejos de mi propio egoísmo. Nada penetró dentro de mi ser. Comencé, temprano con mi sobriedad, a sentir compasión por otros borrachos, luego por mis hijos, luego por mi ex-esposo. Esta compasión, un
sentimiento acompañado posteriormente de amor, abrió la puerta de una inmensa ciudadela dentro de mí que siempre había estado herméticamente cerrada.

Pero lo extraño ahora, en la sobriedad, era que no estaba yo regresando a mi estado anterior. No estaba reasumiendo aquel "estar bien" que yo había dejado cuando comencé a beber anormalmente. Iba estando, como oí decirlo una vez, "mejor que bien". Escudriñando (veía el Paso Cuatro) dentro de mi propia personalidad, encontré un nuevo ser dentro de mí. Nunca había estado ahí antes, ni siquiera en mi niñez. Debió haber crecido en dónde estaba una piedra o un agujero vacío.

Algo estaba ahora echando raíces. Comencé a sentir por otros, a ser capaz, por muy breves momentos, de "ponerme en sus zapatos". Nuevos mundos se abrieron ante mí. Comencé a comprender mi posición en el mundo. Yo no era el centro del universo. (¡qué calamidad me pareció descubrir eso!) Yo era una parte de un misterio gigantesco, maravillosamente misterioso. No podía probarlo, porque no sabía nada acerca de él. Sólo podía dar vueltas a su alrededor con una curiosidad infantil, Y aún estoy dándole vueltas. Nunca descubriré, ni lo hará ninguno de nosotros, los secretos del universo. Pero podemos aceptar sus misterios, la parte que tenemos en ellos, y nuestras vidas y muertes; como algo espiritual más allá de nuestra comprensión.

Comencé a observar a mis hijos. Eran gente pequeña, importante. Me di cuenta de que mientras estaba bebiendo, no los había tratado más que como a pequeñas máquinas que yo había creado, como si yo hubiera sido parte de un juego de Mecano y hubiera estado orgullosa de ello. Al ir cambiando mi manera de tratarlos, los vi empezar a madurar, a enfrentarse a al realidad de la vida tal como ésta es. Extendí una mano para ayudar a alguien, aunque sólo escuchando algunas veces, y sentí una extraña satisfacción al ser capaz de ayudar: ¡un descubrimiento increíble para mí!.

Aprendí mi propia versión de lo que es la espiritualidad. No significa que tengo que ser como los santos que dicen tener consejos directos y visiones de Dios. Significa que tengo que interesarme por mis semejantes; únicamente a través de esto puedo recibir la gracia de Dios, Mi Poder Superior, porque como dijo John Donne, mucho antes de A.A., "ningún hombre es una isla".

Comencé a sentir seguridad en mis nuevos sentimientos espirituales, hasta que fue sacudida una noche por un amigo de A.A. quien me dijo "muy bien, así es que puedes aplicar a tu vida personal el Paso Tres y una fe espiritual en Dios, pero ¿cómo puede aceptar las terribles calamidades que suceden alrededor de nosotros todos los días?".

Me enfrentaba otra vez, peligrosamente, con los interrogantes de mi religiosa, pero no espiritual, infancia - ¿cómo puedo aceptar una fe en u Dios quien permite esos monstruosos crímenes contra el hombre, a pensar, llena de miedo, sobre la muerte y el sufrimiento, no el mío, sino el de toda la humanidad. Comencé a dudar demasiado de mi nueva fe - comenzó a invadirme el pánico. Comencé a buscar las respuestas fuera de la literatura de A.A.

Afortunadamente para mí, antes de que hubiera leído demasiado acerca de las creencias espirituales (un área que sólo estaba llevándome a la confusión), me di cuenta de que estaba pidiendo demasiadas cosas y demasiado pronto.

Prudentemente, dejé los libros de filosofía para mentes más capaces que la mía. No podía arriesgarme a llegar a una mayor confusión mental. Regresé a las enseñanzas de A.A., las cuales ya me habían salvado de una vida de tormentos.

No necesitaba buscar más allá de los Doce Pasos y de las fortalecedoras palabras de la Oración de la Serenidad. "De aceptar las cosas que no puedo cambiar". Mi respuesta personal está ahí en la palabra "aceptar". Aceptar el lugar del hombre en la escena universal. Aceptar mi vida como una diminuta partícula del todo. Ninguno de nosotros puede nunca profundizar las glorias y las regiones desconocidas del universo. Pero podemos vivir sobre la tierra y amarnos los unos a los otros. Podemos dejar que nazca en nosotros el interés por otros, la compasión y la consideración, y observamos como crecemos. Con las herramientas y las instrucciones de señales de Alcohólicos Anónimos, podemos aprender un poco de este precioso regalo: nuestra puerta de entrada a la espiritualidad humana.
Nueva York.

domingo, 10 de marzo de 2019

Proyecto

Estoy convencido de que el proyecto de Jesús de Nazaret consiste, básicamente, en la libertad y la felicidad de los hombres. 
Basta mirar los evangelios para ver que se la pasaba devolviendo la libertad a aquellos que a causa de la religiosidad de la época se sentían oprimidos y esclavizados. 
Les devolvía la dignidad a los que la habían perdido y les recordaba que su Dios era un Dios que quería que los hombres fueran realmente felices y que no vivieran amarrados a preceptos que no les permitía ser libres. 
Cuando veo a ese Jesús, cuando encuentro en sus acciones una opción fundamental por la felicidad de los hombres, entiendo, entonces, que lo que quiere para mí es precisamente que viva libre y feliz. De cada uno de nosotros depende abrir el corazón y tomar la decisión de que Jesús realice su proyecto en nosotros. 
Muchos se cierran a esa acción poderosa de Jesús y se quedan encerrados en la religiosidad vacía, sin dejarse tocar realmente por el Espíritu del Resucitado. 
Por eso, te invito a que seas capaz de reconocer cuánto te estás abriendo a esa propuesta de Jesús de transformarte la vida y de hacerte plenamente feliz. 
Ojalá puedas encontrar siempre en Él la fuente de tu libertad y la felicidad plena, esa que no pasa con las dificultades, sino que permanece porque viene de Dios. 
Puedes orar y sentir cómo Jesús de Nazaret te da la vista como a aquel ciego de nacimiento, te perdona como a Pedro que lo negó, te da vida nueva como a Lázaro, te abre los oídos como a aquel sordo, Dios te da vida nueva, solo debes darte a la tarea de abrir el corazón para que Jesús pueda realizar en ti su proyecto, para que Él pueda siempre hacer cosas nuevas en tu vida.
Tarea del día: 
Abre tu corazón al proyecto de Jesús. Decídete a seguirlo, sin excusas.

Alberto Linero